¿Por qué soy de derecha liberal?, por Rosa María Palacios


El viernes pasado Mario Vargas Llosa cumplió 89 años. La fecha casi coincide con la presentación, esta semana, de su biografía política “Vargas Llosa, su otra gran pasión” escrita por Pedro Cateriano Bellido. Su lectura hilvana con agilidad y destreza narrativa no solo los capítulos biográficos mas importantes de su periplo personal a lo largo de una vida de descollante defensa de la libertad, sino que obliga al lector a repasar los capítulos de enorme ingratitud que las elites peruanas han tenido al mejor exponente de las ideas liberales que ha producido América Latina.

El impacto ideológico de Vargas Llosa a fines de los ochenta en el Perú llevó a mi generación a abrazar ideales que para algunos de nosotros son hasta hoy inclaudicables, pero que, para dirigentes y partidos políticos que se reclaman de derecha son ya inexistentes. Terminada la dictadura militar, la defensa de la forma democrática de gobierno y los derechos humanos, enarbolada por los partidos autores de la Constitución de 1979, el PPC y el Apra, estaban, para alguien de derecha, fuera de toda discusión. Sin embargo, la vibrante defensa de la libertad política frente al poder militar nunca trajo como correlato imprescindible la defensa de la libertad económica. Una tímida apertura comercial en el gobierno de Acción Popular y el estatismo salvaje del primer gobierno de Alan García destruyó la economía peruana. Es en ese contexto donde en las elecciones de 1990 se discute la liberalización de mercados (bienes, servicios, inversiones) como la herramienta mas eficaz para sacar a millones de peruanos de la pobreza.

Vargas Llosa fracasa en su candidatura, pero las ideas liberales triunfan. Nuevos economistas convencen a un incrédulo Fujimori de las bondades del libre mercado y sin más opciones, ni ideas a la vista, el Perú abre sus fronteras hasta hoy logrando un crecimiento espectacular en el siglo XXI.  Entre el 2004 y el 2019, ya con un marco constitucional propicio y un ciclo extraordinario de precios de minerales, el 40% de la población salió de la pobreza. Sin embargo, muy pronto Fujimori demostró su talante autoritario dando un golpe de Estado y avalando las atrocidades del Grupo Colina con el respaldo mayoritario de la población. Se perdió, irremediablemente creo, los valores democráticos liberales que se enarbolaron para salir de la dictadura militar y que hizo a las personas y sus libertades la razón de ser del Estado mismo.  La persona se subordino a la “razón de Estado” y de ese camino jamás ha salido el fujimorismo ni del padre, ni de la hija.

Cuando cae Fujimori, parecía que se abría para el Perú la promesa de conciliar libertades económicas y libertades políticas. Pero 25 años después la derecha peruana no puede estar más alejada de ambas. En lo económico, los partidos que se hacen llamar de derecha y que gobiernan hoy el Perú son tan mercantilistas como la izquierda estatista de Cerrón. La última línea de defensa es el capitulo económico de la Constitución, pero no van a tardar en hacerle todos los agujeros posibles.

Es, sin embargo, en materia de derechos fundamentales donde el abismo se ha profundizado. Las banderas de la libertad individual las carga hoy alguna izquierda (no la de Cerrón, por cierto) pero la derecha las ha abandonado por completo. Los sucesos de fines del 2022 y verano del 2023 donde 50 peruanos fueron asesinados por protestar contra el régimen ha sido un parteaguas. Las elites limeñas consideran que están bien matados, por “terrucos” y, en resumidas cuentas, quien defiende la idea, como yo lo hago, de la dignidad de todo ser humano (artículo 1 de la Constitución) es comunista o “caviar”.  Señalar que una persona que ataca la propiedad publica o privada debe ser detenido, procesado y condenado (lo manda el estado de derecho) y no fusilado en la vía pública, es hoy, en ciertas áreas de Lima, un acto monstruoso. No exagero, me lo han dicho.

La derecha de Keiko Fujimori, de López Aliaga, de Acuña o de Luna se entiende perfectamente bien con la izquierda de Cerrón porque la libertad, completa, total, la que las verdaderas derechas liberales promovemos, no es parte de su propuesta política. Mercantilistas, autoritarios y conservadores son tan enemigos del derecho a la vida como de la propiedad privada (salvo la propia) o de los contratos (salvo la concesión que tiene el dueño del partido). Si a esa derecha merca se le unen grupos conservadores pseudo religiosos que promueven teorías de la conspiración sobre la base de terrores atávicos (“el niño será homosexualizado”) y otros disparates, tienen el combo perfecto para atrasar 50 años el progreso del país.

“Derechos humanos: una firme e incomprendida lucha”, el quinto capitulo de la biografía de Vargas Llosa, ilumina bien lo que hoy parece estar oscuro para muchos. El político que cierra mercados con aranceles es tan nefasto como el político que manda disparar a civiles en una manifestación, o como el que desprecia el voto popular si es que no lo favorece.  Pondrán llamarse de derecha o hacerse nombrar liberales, pero no lo son.

En las próximas elecciones ya convocadas, no queda sino buscar opciones que saquen al país del atraso, la pobreza, la inseguridad y la falta de empleo.  Eso, solo se logra con verdadera libertad. Revisitar las ideas del nobel peruano es refrescar la esperanza de que la cultura de la libertad prime sobre todos los mercantilismos y autoritarismos que no son más que formas de encubrir la profunda corrupción que todo lo corroe.  Esa derecha a la que creo pertenecer puede materializarse en alguna o varias ofertas políticas. Lo cierto es que no esta presente en ninguna de las opciones que hoy ocupan el Congreso o el Ejecutivo. Ojalá que aparezcan con fuerza. Mientras tanto, no se olviden: #PorEstosNo y por ninguno. Los actuales partidos en el poder han destruido hasta nuestra esperanza.

Rosa María Palacios

Contracandela

Nació en Lima el 29 de Agosto de 1963. Obtuvo su título de Abogada en laPUCP. Es Master en Jurisprudencia Comparada por laUniversidad de Texasen Austin. También ha seguido cursos en la Facultad de Humanidades, Lengua y Literatura de laPUCP. Einsenhower Fellowship y Premio Jerusalem en el 2001. Trabajó como abogada de 1990 a 1999 realizando su especialización en políticas públicas y reforma del Estado siendo consultora delBIDy delGrupo Apoyoentre otros encargos. Desde 1999 se dedica al periodismo. Ha trabajado enradio, canales de cable, ytelevisiónde señal abierta en diversos programas de corte político. Ha sido columnista semanal en varios diarios.